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	<title>La Brújula Inquieta &#187; Viajes</title>
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	<description>Blog con los relatos de nuestros viajes.</description>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (XVII)</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 10:49:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
		<category><![CDATA[La Brujula Inquieta]]></category>
		<category><![CDATA[Mongolia]]></category>
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		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Museo Paleontológico]]></category>

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		<description><![CDATA[B.S.O. Heroes Del Silencio – Flor De Loto (Directo) &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; &#160; De timadores y otras hierbas mongolas (II). &#160; Es temprano cuando Andy nos propone montar a caballo. Pensamos que ha reflexionado acerca de nuestros pensamientos de la víspera pero no se refiere [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/1dKHFRlLUcebGRnrc2E9XA">Heroes Del Silencio – Flor De Loto (Directo)</a></p>
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<p>Podéis encontrar el relato original en <a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p>De timadores y otras hierbas mongolas (II).</p>
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<p>Es temprano cuando Andy nos propone montar a caballo. Pensamos que ha reflexionado acerca de nuestros pensamientos de la víspera pero no se refiere a eso. Habla de caballos y los míticos jinetes mongoles. Le comentamos que montamos en el desierto y sorprendida nos dice que está en su planificación y que debemos hacerlo. Más por no discutir que por otra cosa, decidimos repetir experiencia. Creyéndonos expertos jinetes, abordamos los caballos que un pequeño mongol ha puesto a nuestra disposición. Los animales son más grandes que los del sur e iniciado el paseo comprobamos que no es la única diferencia. Son de yeso. O lo parecen. No sé si temerosos de que suframos un accidente o por cualquier otro motivo oculto, los caballos, tres viejos ejemplares que resoplan de forma exagerada cada vez que la ladera se empina, nos llevan al paso por medio valle. Sin el posible galope, el recorrido resulta tedioso. Al finalizar éste, saboreamos dulces muy amargos y otros derivados de la leche en la tienda de una familia mongol. Es el colofón turístico a la excursión. Andy puede estar satisfecha de nuestra disciplina. Somos magníficos clientes. Sin más nos apremia a regresar a Ulan Bator. Sorprendidos le comentamos que teníamos contratada la estancia hasta después de comer y que todavía son las diez. Sus órdenes son llevarnos al albergue y recoger a otro cliente en menos de una hora. No lo podemos creer. Por no complicar más las cosas decidimos regresar. Nos ofrece la posibilidad de seguir allí y que por la tarde un coche venga a recogernos pero esto supone un nuevo suplemento monetario. Nos negamos. El regreso es rápido hasta la llegada a Ulan Bator. También silencioso. Ni si quiera Andy charla con el chófer como el día anterior. Sospechamos que algo ha ocurrido – o no &#8211; durante la noche en su tienda, pero ya no nos importa lo más mínimo. En la ciudad nos topamos con una retención que nos hace avanzar a paso de tortuga. La carretera pasa junto al mercado negro, y la lentitud de la caravana nos permite observar el funcionamiento de uno de los sitios más peligrosos de la capital mongola. A primera vista no lo parece. Al menos de día. Un enorme mercado al aire libre compuesto por contenedores situados uno al lado de otro que hacen las funciones de locales comerciales y donde puede encontrarse de todo, es su descripción. Hay miles de “latas”.  Como miles de coches y decenas de miles de personas. Es impresionante. Cada una de ellas tiene centenares de objetos más o menos útiles expuestos en su exterior. Imagino que al finalizar el día, solo hay que cerrar la lata y el lugar será similar al muelle de carga de un importante puerto. Tal vez, un lugar tan abarrotado de gente y objetos, puede ser el espacio ideal para un “Pickpocket” pero no parece probable otro tipo de asalto. De todos modos, nos quedan pocas ganas de comprobarlo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/dela-plaza-roja-tiananmen-xvii.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-1B1OF8RBlEQ/Tt8epfkqLCI/AAAAAAAAB3E/PCZoZ_hXAE0/s1600/Ulan+Bator+07.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Poco después estamos ante el albergue. Nos despedimos de una Andy cuya sonrisa ha pasado, en apenas veinticuatro horas, de resplandeciente a detestable. Se marchan presurosos pero parece que no van a llegar a tiempo a por el nuevo cliente.</p>
<p>Organizamos mochilas y tomamos una ducha. Al día siguiente salimos en dirección a China y nos queda el resto del día para seguir visitando la ciudad. Mientras estoy bajo el agua, llaman a la puerta. Dani abre, y ante sus ojos, aparece de nuevo Andy. Oigo como charlan en el exterior. Salgo. Nos comenta que el patrón de la chica pide más dinero por no sé qué conceptos de los que hemos hecho uso. Nos miramos los tres indignados. Comento que no me supone nada poner diez o doce euros más pero que moralmente me parece que ha sobrepasado cualquier límite. Pablo y Dani se muestran de acuerdo y así se lo transmitimos a una Andy que espera nerviosa en el exterior. Le decimos que si su jefe tiene algún problema más le esperamos allí mismo. De nuevo la sonrisa en su rostro. Esta vez nos parece sincera. Creo que está feliz de que alguien le ponga las cosas claras al tirano. Evidentemente, el patrón no aparece. La que regresa es ella. Todo está aclarado, nos dice. Y tras despedirse de nuevo, pizpireta se marcha.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/dela-plaza-roja-tiananmen-xvii.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-ozI1PIFAUoc/Tt8erfuBNrI/AAAAAAAAB3M/ywacM4eAFco/s1600/Ulan+Bator+04.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Tenemos el Museo Paleontológico por ver ya que su horario no se adaptó a nuestro primer día en la ciudad. Vamos con la ilusión de ver si supera lo visto en el Gobi. No es así. Ni por asomo. Éste, sin ser nada del otro mundo, tiene salas interesantes. Caminando por una de ellas escuchamos una voz familiar. No lo podemos creer. Nuestro subconsciente nos está jugando una mala pasada. No es así. En la sala adyacente, Andy y su nuevo cliente visitan el museo. Divertida nos lo presenta. Es un sonriente hindú que al paso que va, necesitará una tortilla de paracetamol para acabar su día. Nos despedimos, esta vez sí, definitivamente y seguimos con nuestro periplo. Ya casi es hora de comer y decidimos darnos un homenaje que, desde <a href="http://www.labrujulainquieta.es/category/asia/rusia-asia/ekaterimburgo">Ekaterimburgo</a>, tenemos casi olvidado. Encontramos una franquicia de Budweiser en la que sirven comida internacional.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/dela-plaza-roja-tiananmen-xvii.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-T6xeRH-s3sU/Tt8eu5UNUtI/AAAAAAAAB3U/nFirM8e3qkY/s1600/Ulan+Bator+05.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Elegante y llena de miembros del gobierno y ejecutivos, nos parece el lugar perfecto para camuflar lo vivido en días pasados. Todo va bien hasta el momento de decidir la bebida. Por supuesto, no queremos parecer insensibles y demandamos tres enormes Bud’s. El camarero niega con la cabeza. No se sirve alcohol los viernes. Le insistimos en que debe estar equivocado, es el miércoles el día que no hay alcohol. Lo sabemos bien pues lo sufrimos – a medias – en Dalanzadgad. No, insiste, en Ulan Bator es los viernes. Apelamos al sentido común. No hemos cobrado, no hay peligro de que gastemos todo en alcohol y nuestras mujeres deban prostituirse para alimentar a nuestros hijos, somos extranjeros y no deberían aplicarnos leyes del país, el local, siendo una franquicia que representa a una cerveza, debería presionar al gobierno, buena parte del cual está allí mismo, para conseguir una bula… Es inútil, al poco tres grandes Coca-Colas ocupan la mesa. Por si fuera poco, junto a nosotros, cuelga de la pared un gran poster que muestra, por países, las marcas más populares de cerveza del mundo. Toda una tortura. Salimos saciados pero con una pizca de indignación. Decidimos tomar un café en una franquicia. “Silk Road Bar &amp; Grill” es un lugar agradable del que lo que más nos sorprende es el vino que ofrecen; “Silk Road” es un caldo de unas conocidas bodegas alicantinas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/dela-plaza-roja-tiananmen-xvii.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-ocRaI1THCgE/Tt8ew3Ue8mI/AAAAAAAAB3c/aG0chbl_XpI/s1600/Ulan+Bator+06.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Dedicamos la tarde a las compras en grandes almacenes. Es el primer lugar donde encontramos mayoría de occidentales. Los viajes organizados tienen estos lugares como parada obligatoria. Al poco estoy aburrido de ver camisetas, láminas, vasos, bolsos… me dedico a vagar por las distintas plantas hasta que mis amigos finalizan su compra. En el camino de regreso decidimos que ya está bien de Mongolia. Para la noche, compraremos provisiones y cenaremos solos en la terraza de la habitación. Con un clima fresco pero agradable, con algo de pollo, conservas y cerveza – en los supermercados sí nos venden alcohol siempre que lo saquemos camuflado – pasamos nuestra última noche en Ulan Bator. Los tópicos han caído. No hemos sufrido ningún asalto y los intentos de timo han quedado en nada. Estamos bastante curtidos para nuestra entrada en China. Al menos eso pensamos.</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (XVI)</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 17:54:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
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		<description><![CDATA[B.S.O. Asian Zen – Spa of Asia &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; De timadores y otras hierbas mongolas (I). &#160; La última noche en Dalanzadgad es delirante. Tras tres jornadas en el Gobi esperamos dormir en algún sitio donde al menos haya una ducha, por asquerosa que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/6VcH4ohicvsKnx1AH3PUjL">Asian Zen – Spa of Asia</a></p>
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<p>Podéis encontrar el relato original en <a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p>De timadores y otras hierbas mongolas (I).</p>
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<p>La última noche en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dalanzadgad">Dalanzadgad</a> es delirante. Tras tres jornadas en el Gobi esperamos dormir en algún sitio donde al menos haya una ducha, por asquerosa que esta sea. Ni por esas. La negociación entre Steve y los encargados de los hostales es árida y realmente no sabemos por qué. Tras pasar media tarde visitando campamentos de gers para turistas, hoteles, hostales, y cualquier otra posibilidad  de alojamiento, Steve confiesa el problema. El dinero que tenían para gastos casi se ha agotado. Sabemos que no es problema nuestro, pagamos buenos dólares por la excursión, pero el apuro de los jóvenes nos hace reflexionar. Hablamos de rascar nuestros bolsillos y pagar la diferencia antes que seguir de un sitio a otro hasta encontrar un precio imposible incluso en el desierto. Los dos mongoles se niegan. Finalmente encontramos un campamento de gers recién estrenado. No hay ducha. Sí un sorprendente lavabo de agua rellenable en el mismo interior de la tienda que unido a la estridente decoración, absolutamente fuera de lugar, le da un desmesurado tono kitsch. Es temprano y decidimos hacer turismo por la ciudad. Con excusas más o menos creíbles, Steve nos hace desistir de cualquiera de nuestras propuestas. Finalmente y tras algo de debate, acabamos en el plan que él propone; un cibercafé. En un multiespacio que parece, además, oficina de correos y banco, hay media docena de ordenadores de la guerra de Cuba. Igual de algo más atrás. Mientras Steve es abducido por el Facebook, repasamos alternativamente las cuentas de correo por si hay algo urgente que podemos solucionar desde Dalanzadgad. Casi una hora después, en el exterior del local, cansados de esperar al mongol mientras somos el centro de atracción de los lugareños, convencemos al chófer para que lo haga salir y regresar al campamento. Otra noche de Red Label &#8211; comprado bajo mano en un supermercado, a pesar de ser miércoles, día de cobro en Dalanzadgad y por tanto día de prohibición de venta de alcohol &#8211; cierra nuestro periplo por el desierto. Curioso es el estudio de mercado que la gente de White Label hace en estos momentos en el Gobi. Dos botellas vendidas en poco menos de tres días, visto el precio que se marcan, debe ser consecuencia de un fenómeno paranormal.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/de-la-plaza-roja-tiananmen-xv.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-IZplpa7aF7c/Ttyl00ZSD7I/AAAAAAAAB2M/sKRuu1q3E_U/s1600/Mongolia+01.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Como no, es temprano cuando nos despedimos de nuestros compañeros de fatigas. Volamos a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ul%C3%A1n_Bator">Ulan Bator</a> sin incidencias donde nos espera Andy, simpática y parlanchina mongola de la misma compañía que Steve. Se encargará, junto con otro chófer, mucho más seco y misterioso que el anterior, de llevarnos al Terelj, el parque natural del norte del país y nuestra última etapa en Mongolia. Después de los días en el desierto, la sonrisa de Andy ilumina el vehículo. Esta vez sí, esta vez vamos en un cómodo todoterreno. Y hay además algo semejante a una carretera durante buena parte del recorrido. El paisaje cambia según nos dirigimos al norte. El parque no está lejos y decidimos desviarnos antes de llegar hasta el lugar donde otea el horizonte una desmesurada figura metálica del gran rey de los mongoles; <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gengis_Kan">Gengis Khan</a>. Concebido para ser en un futuro un parque temático sobre la vida de los mongoles, parece que quedará tan solo en la escultura ecuestre. Ni los tiempos son para inversiones, ni el extremado clima de la zona permite convertir aquello en una zona de ocio más de un par de meses al año. La figura es impresionante y su pedestal es un complejo con restaurante tiendas y servicios. La cabeza del caballo es un mirador que permite una bellísima panorámica del valle. A nuestra espalda, Gengis Khan nos mira. No imagino que pensará de este trío que en sus rostros ya da muestras de fatiga.</p>
<p>Acabada la visita, el chófer comenta algo con Andy que ella nos transmite. Debemos abonar la gasolina de la veintena de kilómetros que nos hemos desviado para esta visita. De mala gana lo hacemos. Creemos haber pagado lo suficiente a su jefe para que nos cubra este tipo de “caprichos”.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/de-la-plaza-roja-tiananmen-xv.html"><img class="aligncenter" src="http://3.bp.blogspot.com/-XM1He17_qvg/Ttyl_mI4EYI/AAAAAAAAB2U/1mdi4RADT0s/s1600/Mongolia+02.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Ya en el valle que aloja el Parque Natural, nos desplazamos, al igual que hicimos con Steve, de un lugar a otro en busca de alojamiento. Pasamos varias horas de este modo sin conseguir acomodo en ninguno de ellos. Después de discusiones sin fin, acabamos por, de mala gana, claudicar. Pagaremos la diferencia del alojamiento a cambio de detenernos ya y poder aprovechar el día. El lugar es un campamento turístico infectado de japoneses. Nos alojamos en uno de los gers mientras Andy y el chófer lo hacen en otro. Decidimos salir a dar una vuelta por las suaves montañas de alrededor. Algo más de una hora de trekking por un paisaje espectacular y regreso al campamento. Queremos ducharnos pero ha habido un problema, entendemos que con la electricidad, y si la bomba no funciona, no hay agua. Dani propone aprovechar para comprar cervezas en el campamento vecino. No estoy con ánimo. Necesito algo de espacio y soledad. Lo entienden y, él y Pablo, emprenden camino. Me quedo a la puerta del ger con la lectura de la novela pendiente. Pocos minutos después aparece Andy. Me pregunta por mis amigos. Bromeo que han regresado a Ulan Bator. No lo toma bien. La noto preocupada. Me comenta que es peligroso alejarse. Alucino con sus palabras. Insiste en si van a tardar mucho. Le digo que no lo sé. Me dice que está aburrida. La miro y un pensamiento malicioso pasa por mi cabeza. No es muy guapa pero serviría. No tarda en puntualizar que es católica y que está estudiando para misionera. ¿Me habrá leído el pensamiento? Sigue muy pesada con la excursión de mis compañeros. Le digo que no se preocupe y que no tardarán en regresar para evitar que siga en sus trece.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/12/de-la-plaza-roja-tiananmen-xv.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-0zSpRpNN_c0/TtymHLUZPuI/AAAAAAAAB2c/QmLcijCJBHE/s1600/Mongolia+03.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Inquieta se marcha. Comienza a hacer bastante frío y enciendo la estufa del ger. Sigo con la lectura en el interior. Al poco entra el chófer. No habla ni palabra de otro idioma que no sea mongol. Por sus gruñidos tampoco parece que domine este. Se sienta en otro de los camastros de la tienda. Cierro el libro. Se acabó la lectura, la introspección, la soledad&#8230; Me observa. Intento hacerme entender. Es difícil. Le pregunto por su vida, si está casado. No sé qué es lo que entiende cuando me señalo el anillo pero al intentar acercarme a mostrarle fotos de mi familia, se pone en pie con cara de pánico. Me da la sensación que piensa que quiero algo más íntimo y está a punto de salir despavorido. Regreso a mi sitio. Mi desesperación no es todavía tan grande. La no conversación continúa durante minutos que parecen horas. Intento la charla pero permanece indiferente. Me siento el John Dunbar de Bailando con Lobos en su primer encuentro con los sioux. ¡Qué impotencia! En ese instante entra Andy. Ignora al chófer y sigue con su cantinela. Allí estoy yo soportando a un mongol asustadizo y a una pesada muchacha que se aburren. Por suerte, mis compañeros regresan con un regalo en forma de cerveza. Enterados de lo sucedido en su ausencia se ríen de mis aspiraciones de tranquilidad. Andy sigue con su cantinela y a las mentes de Dani y Pablo viene la misma idea que ya rondó mi cabeza. Seguro que el propio chófer lo ha pensado al entrar en su ger. A la única que no se le ocurre es a ella. “Póker” dice con una sonrisa que comienza a ser detestable. Como si de un tahúr se tratara, saca un juego de naipes de su bolsillo y comienza a barajar. Pablo se niega a participar de la pantomima. Dani, divertido decide jugar. Yo les acompaño pero alguien tiene que explicarme de qué va el juego. Dos lecciones rápidas y estamos en marcha. Dos partidas más rápidas todavía y estoy fuera y sin un Tugrik. Suerte que no jugamos en serio. La señorita católica no lo permite. La partida acaba en un enfrentamiento Dani-Chófer que, si la memoria no me falla, acaba ganando el mongol. La noche ha caído y, ya sin compañía ajena, vivimos una nueva velada de charla.</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;Anmen (XIV)</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 11:39:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
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		<description><![CDATA[B.S.O. Kings Of Leon – Cold Desert &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; Gobi (I). &#160; Tras un día recorriendo las calles de una occidentalizada Ulan Bator, tomamos el vuelo que nos dirigirá al sur del país. Dalanzgavad más que una ciudad, es un campamento minero que ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/0Y1SP0NK3cNsqESGION7ns">Kings Of Leon – Cold Desert</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podéis encontrar el relato original en <a onclick="javascript:_gaq.push(['_trackEvent','outbound-article','http://melchormombocompany.blogspot.com/']);" href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Gobi (I).</span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras un día recorriendo las calles de una occidentalizada Ulan Bator, tomamos el vuelo que nos dirigirá al sur del país. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dalanzadgad">Dalanzgavad</a> más que una ciudad, es un campamento minero que ha crecido sin control y al que se le han acoplado gers (viviendas nómadas de Mongolia) hasta una población de trece mil habitantes. En un país como este, donde casi la mitad de sus tres millones de ciudadanos se agrupan en la capital, una ciudad de este tamaño adquiere la suficiente importancia como para disfrutar de  aeropuerto internacional. Apenas descendidos del avión, un joven mongol se dirige a mí por mi nombre. Me sorprendo, pero recuerdo que en su momento, en el cruce de e-mails de contacto, nos demandaron estatura y peso. No es difícil deducir que un tipo de casi dos metros, sea el más fácil de localizar en la expedición. Steve dice llamarse. Es un nombre falso. Los cambian por la complejidad que suponen los suyos a los turistas. Nos lleva hasta una austera furgoneta de fabricación rusa que espera junto a la puerta. Comenta que es temprano para comprar provisiones y nos ofrece, entretanto, la posibilidad de ver el museo paleontológico. Además, al parecer, en su viaje nocturno desde Ulan Bator, han tenido problemas mecánicos y el chófer necesita repuestos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiv.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-8B6Mh6oqcI8/TsvYkNuhANI/AAAAAAAAB0A/t3AUBivL-fc/s1600/Gobi+04.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Llegamos al museo. La desvencijada puerta no invita a entrar salvo que uno piense que se trata del de los horrores. Una chica mongol, ataviada con un vestido corto dos o tres tallas menores de la necesaria, limpia un automóvil junto a la entrada. Atiende a Steve. Unos minutos de charla. Nos mira. Desaparece en el interior. Steve explica que van a abrir para nosotros. El chófer aprovecha para ir en busca del taller más cercano. Un instante. La chica sale a por nosotros. Ha cambiado calzado deportivo por zapatos de descomunal tacón de aguja. No sin algún traspié en ese suelo por asfaltar, nos acompaña al interior. Habla exclusivamente mongol, así que Steve hace su particular traducción al inglés, y entre Dani y Pablo vuelcan al español las partes que me quedan lúgubres. Me desintereso pronto de las explicaciones y me dedico a parpadear ante los numerosos y delirantes toques kitsch que hallo. Todo es un despropósito, tanto la distribución como los contenidos. Hay recreaciones en forma de diorama que merecerían un lugar de honor en algún certamen de propuestas humorísticas… solo que están realizadas con intención de resultar creíbles. Volcanes elaborados con plastilina y cartón, decorados de modo fauvista, aplicaciones fluorescentes, vegetación que combina la real con la simulada mediante algodón o quien sabe qué materiales… todo, con más voluntad que acierto, busca recrear violentos instantes del paleolítico. Lo recorremos con rapidez. La única parte de cierto interés está en la sala que muestra medio ger, y al que, muy amable, la muchacha nos permite entrar. Aprendemos que las camas del lado derecho de la puerta son para las mujeres y las del izquierdo para los hombres. Conocemos la estructura de la tienda sin las telas o pieles que la recubren y comprobamos su ingenioso ensamblaje. Algunos cuadros de pintores locales cierran el delirante periplo por el museo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiv.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-y5e6tTT9Zqk/TsvYu7MxteI/AAAAAAAAB0I/ec3Tm8LBi7M/s1600/Gobi+01.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>A pie de calle nos despedimos de la chica dando las gracias. La furgoneta sigue sin aparecer. Y con ella nuestras mochilas. El guía busca tranquilizarnos sin necesidad. Comenta que tal vez, el tiempo en el mecánico fue mayor del previsto. Matamos media hora huyendo del plomizo sol. Por fin aparece y montamos. Los supermercados locales se concentran en un perímetro de apenas cien metros y entre ellos se sitúan diversos puestos ambulantes en lo que parece ser la zona comercial por excelencia de Dalanzgavad. Entramos a diversos establecimientos. En más que penumbra cuando se viene de la abrasadora luz exterior. No hay gasto eléctrico mientras el día permita funcionar sin ella. Ni siquiera para las neveras. Compramos austeras provisiones, agua en abundancia y una botella de Red Label que, entre sorprendida y encantada, nos coloca en una bolsa la dueña del supermercado. Grandes clientes, debe pensar. Ya en el exterior me dedico a lanzar fotos entre la sorpresa y las risas de los lugareños. Vuelvo a ver numerosas botellas de <a href="http://www.mongolfood.info/en/recipes/mongol-arkhi.html">Arkhi</a> en mesas de camping utilizadas como escaparate. Hay otros productos con la leche como base &#8211; quesos, dulces, yogures – y todos comparten el mismo repulsivo aspecto. Aparece Steve y nos pregunta si tenemos todo. Afirmativo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiv.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-FVipPfckjac/TsvY534bErI/AAAAAAAAB0Q/04BFNe5tPaM/s1600/Gobi+02.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Dejar atrás las polvorientas calles de la ciudad te mete de lleno en el pedregoso campo a través del país. Por supuesto no hay carreteras, pero ni siquiera pistas. Cada uno se encamina hacia su destino por donde su instinto le indica. En ocasiones siguiendo huellas de vehículos anteriores, en otras mediante métodos imposibles de descifrar por el turista. Por si fuese poco, y a pesar de los cinturones de seguridad, los brincos de la furgoneta, provocan heridas y hematomas en brazos, piernas y frentes convirtiéndonos en mártires de la causa mongola. Steve se escusa sin convencimiento. Tanto él como el chófer no pueden aguantar la risa. Algo que comienza pareciéndonos divertido, al poco resulta insoportable. Recorremos cerca de doscientos kilómetros de ese modo. En una zona algo más escarpada, un vehículo nos corta el paso. Un grueso mongol armado se acerca. Desde la distancia toda su familia nos observa. Son más de quince los que, malcarados, nos miran. El chófer habla con él y tras deslizar dinero en su mano, consigue abrir el paso. Nuestra duda versa sobre si lo que acabamos de presenciar es o no la mordida mongola. No es tiempo de preguntas. Enseguida entramos en un desfiladero en el que encontramos un grupo de pequeños caballos mongoles. Cerca, sus dueños, charlan despreocupados. Aparcamos junto a una furgoneta similar a la nuestra. Sentado en su puerta lateral, un tipo saluda amigablemente a nuestro chófer. Es otro guía. Amable, nos ofrece un vaso de Arkhi. No parece muy fuerte en cuanto a alcohol pero el sabor es agrio y poco agradable. Le agradecemos el detalle y nos dirigimos hacia los caballos. Los niños nos dicen que montemos. Ninguno de nosotros tiene experiencia.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiv.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-DIegJbiKhuw/TsvZEu52BbI/AAAAAAAAB0Y/XFuI6XJj_Zg/s1600/Gobi+03.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p> “No problem” nos comenta Steve. Montamos y, tras ligeras explicaciones, nos internamos al paso por el desfiladero. Viene con nosotros Steve y un niño mongol que monta su caballo a pelo y está muy pendiente de nuestras evoluciones. Seguimos el cauce del río por el fondo dela garganta hasta un lugar algo más amplio marcado por un monumento religioso de piedras y jirones de tela. A indicación de Steve realizamos un pequeño ritual de agradecimiento. Nos propone seguir adelante, pero ahora lo haremos caminado sobre el hielo que cubre el rio en esa zona. El paisaje es fascinante. Mucho más en pleno <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Desierto_de_Gobi">desierto del Gobi</a>. Después de un largo recorrido de ida y vuelta, divisamos los caballos. Trotamos de regreso. A nuestra espalda Steve y el niño mongol. De pronto, sin que ninguno de los tres lo haya propuesto, los caballos aceleran el paso. El trote pasa a ser galope y, sin más, nos convertimos en dignos émulos de John Wayne. Nos miramos, reímos, gritamos, no lo creemos. Los caballos aceleran. Cada vez más rápido. No responden a nuestras órdenes. Pronto entendemos. La cercanía de sus amos, les ha espoleado más que nuestras órdenes. No nos importa lo más mínimo. La experiencia ha sido gratificante. Y para ser un debut, lo hemos salvado dignamente. Tras pagar por la diversión, Steve comenta que las actividades previstas para el día han finalizado. Tenemos dos opciones, pasar la noche allí, o aprovechar y después de comer desplazarnos hasta la siguiente etapa. No hay dudas. Pronto estamos embarcados de nuevo en la batidora, rumbo a una de las mayores zonas de dunas del desierto del Gobi.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (XIII)</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 16:34:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
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		<description><![CDATA[B.S.O. Ulan Bator – Hemisphere &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; Ulan Bator, la peligrosa. &#160; Nos habían advertido, y mucho, sobre la capital mundial con mayor número de robos con agresión. Sobre violentos mongoles alcoholizados, sobre niños que viven bajo el asfalto y salen por las tardes, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/4avQqDdFMQQtgPBgXIUf7A">Ulan Bator – Hemisphere</a></p>
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<p>Podéis encontrar el relato original en <a onclick="javascript:_gaq.push(['_trackEvent','outbound-article','http://melchormombocompany.blogspot.com/']);" href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Ulan Bator, la peligrosa.</span></strong></p>
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<p>Nos habían advertido, y mucho, sobre la capital mundial con mayor número de robos con agresión. Sobre violentos mongoles alcoholizados, sobre niños que viven bajo el asfalto y salen por las tardes, a través de las alcantarillas, en busca de su dosis diaria de droga y algo más para sobrevivir. Nos habían hablado sin descanso y, de algún modo, todo ello nos había sugestionado un poco. Al final no fue tan fiero el león&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiii.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-URq7OEY89lk/Ts9JfBo7NKI/AAAAAAAAB1Q/snelw43jP8U/s1600/Ulan+Bator+05.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>El día nos descubre los aledaños de la capital mongola. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ul%C3%A1n_Bator">Ulan Bator</a> es mucho más occidental de lo imaginado y en sus barrios periféricos, mucho más destartalada. Los alrededores de la estación son como los de casi todas las estaciones de grandes urbes. El lumpen pulula en busca de despistados con dinero fresco en sus carteras, bien para venderte los más inverosímiles productos, bien para llevarte a los más delirantes lugares, bien para, directamente, aligerar tus bolsillos. Son numerosos los mongoles que en el exterior de la estación venden botellas de plástico rellenas de un líquido de color blancuzco y apariencia lechosa. Nos preguntamos si realmente es leche o el famoso Arkhi – licor derivado de ésta -. Como de momento tan solo tenemos ganas de encontrar el albergue y tomar una ducha, obviamos las ofertas y nos encaminamos en busca del lugar contactado. A pesar de que la gente que nos ha organizado el tour por el desierto, ofrecía, por el módico precio de quince dólares por cabeza, la posibilidad de trasladarnos hasta allí, consultados los mapas, decidimos que el lugar no debe de estar a más de diez minutos a pie de la propia estación. Esto nos leva, además, a recelar de la realidad del tour contratado.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiii.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-kqJE881tOlE/Ts9HcEgMyFI/AAAAAAAAB0o/XQQ2JtT0fiI/s1600/Ulan+Bator+01.jpg" alt="" width="756" height="566" /></a></p>
<p>Encontramos con facilidad el hostal y, en efecto, está muy cerca de la estación. Su aspecto externo nos lleva a replantearnos si la decisión ha sido correcta o debimos contratar como suplemento al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lee_Marvin">Lee Marvin</a> de su mejor época. La puerta delantera está cerrada con un candado. Un rótulo en inglés básico nos pide que demos la vuelta a la manzana y accedamos al lugar por una posterior. Si la fachada era para retratarla, la trastienda no tiene desperdicio. Zona interior de distintos bloques de casas, muestra el aspecto de las plazas de las ciudades devastadas por la guerra. Nos abre una joven mongola que nos atiende amable. El interior dista de ser <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_de_Buckingham">Buckingham Palace</a> pero existen un par de duchas comunitarias que lo hacen parecer mucho más agradable de lo que realmente es. Es cierto que todavía no podemos acceder a nuestra habitación &#8211; la compartimos con un cuarto huésped que ahora mismo duerme – pero no nos importa. Al menos, podemos asearnos y organizar nuestras mochilas. Sobre las nueve y media la chica de recepción entra a la habitación y despierta al hombre. Es un norteamericano enorme y barbudo de unos treinta y cinco años. Nos saluda con un gesto distante y sale de la habitación. Sobre el desorden de su cama, un pequeño portátil Apple y revistas originarias de Ohio nos confirman su nacionalidad. Nos instalamos y salimos a visitar la capital.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiii.html"><img class="aligncenter" src="http://3.bp.blogspot.com/-uFwYok5TCOk/Ts9HqJw6WnI/AAAAAAAAB0w/2QVGDLeqXfA/s1600/Ulan+Bator+02.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Caminamos hasta el templo de <a href="http://mongoluls.net/khiid/gandan.shtml">Gandan Khiid</a>, lugar de culto reconstruido tras el devastador paso del comunismo por el país. Su impresionante Buda dorado de veintiséis metros de altura nos deja boquiabiertos pero es casi lo único interesante del lugar. Eso y el fervor con que los nativos realizan el culto a su Dios. La posibilidad de practicar de nuevo con libertad la religión, la ha revitalizado y son numerosos los mongoles que dan muestras de su fe, sea budismo, confucionismo o animismo.</p>
<p>Tras el templo visitamos el centro de la ciudad. La mayoría de las construcciones de esta zona provienen de la época soviética. Los edificios son enormes y austeros y las avenidas amplias y bulliciosas. Jóvenes mongolas pasean con combinaciones de prendas provocativas y otras de falsa elegancia, rematadas con zapatos de desmesurado tacón de aguja que acaban por dotarlas de aspecto de meretriz. Puntuales hombres adultos, en coma etílico, caídos en el suelo sangran sin que esto provoque reacción alguna entre los viandantes. Vendedores ambulantes cubren sus rostros con mascarillas sin que sepamos exactamente porqué. Hombres levantan sus camisetas a la altura de las tetillas como peculiar forma en busca de combatir el calor… En un momento del paseo y sin previo aviso, la tapa de una alcantarilla está varios metros alejada de la boca. El enorme boquete en medio de la acera ofrece enormes posibilidades a los viandantes de caer dentro de ella. Pensamos si no será una de las salidas al exterior para esos niños en perpetuo viaje. Una delirante sucursal de Zara acaba por confirmarnos que el tal Amancio debería cuidar un poco más su imagen fuera del país.</p>
<p style="text-align: center;"> <a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xiii.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-AQ4pf6LPd70/Ts9H0rh5plI/AAAAAAAAB04/gUTmntaCDgs/s1600/Ulan+Bator+03.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Desembocamos en <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/S%C3%BCkhbaatar_Square">Sükhbaatar Square</a>, la desmesurada plaza principal de Ulan Bator. Rodeada de modernos edificios singulares y presidida por una estatua del gran mito de los mongoles, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gengis_Kan">Gengis Khan</a>, supone uno de los atractivos turísticos de la ciudad. Parece además un lugar de paseo para los moradores de Ulan Bator. En su amplia zona central, numerosos vendedores ambulantes te ofrecen láminas de arte autóctono. Veo acuarelas de cierta gracia, pero supondría un gran problema su transporte en lo que nos resta de viaje. En una de las esquinas, un limpiabotas con la mirada perdida, espera clientes sin al parecer excesivo éxito. En otra, un librero, con aspecto de cowboy mongol, ofrece su producto desparramado sobre la calzada.</p>
<p>Tras comer en uno de los lugares “chic” de la zona de embajadas, visitamos un nuevo templo milenario. Enclavado entre edificaciones rabiosamente contemporáneas, el contraste que muestra tal vez no sea más curioso que combinaciones similares de occidente pero resulta muy chocante. En el interior del mismo asistimos a un espectáculo de canto y danza. Lo que lo más sorprende es la flexibilidad que muestra una joven contorsionista sobre una mesa circular.</p>
<p>Es todavía pronto y tenemos casi todos los lugares de interés de la ciudad vistos. A pesar de que al día siguiente el madrugón para tomar el vuelo a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dalanzadgad">Dalanzgavad</a> será de pronóstico, la opción de regresar ya al albergue no nos convence. Revisamos la guía por ver si hay algo que se nos ha escapado y descubrimos que en las afueras de Ulan Bator se sitúa el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Zaisan_Memorial">Zaisan Memorial</a>, un monumento ruso-mongol que conmemora todas sus hazañas conjuntas. Decidimos tomar el autobús, por probar un nuevo medio. La espera en la supuesta parada ya provoca miradas y cuchicheos, pero nuestro acceso al vehículo se acompaña de fanfarria y la sorpresa de todos sus ocupantes es mayúscula. Mientras el autobús se pone en marcha, el revisor viene a cobrar los billetes. Con algo de dificultad acabamos por entender la cantidad que nos pide. El chófer no cesa de charlar con todo el mundo y parece prestar escasa atención al asfalto. En una de las paradas sube una jovencita con un niño en brazos. Se acercan al conductor y ambos le dan un cariñoso beso. Deben ser su mujer y su hijo. A partir de ese instante todavía será menos la atención que presta a su trabajo y más a los asuntos domésticos que la chica le plantea. A pesar de todo, media hora después llegamos ilesos a destino, o al menos al pie del destino. El monumento está en lo alto de una empinada colina y hay una espectacular escalera de subida hasta allí. El ascenso es pesado – incluso hay gente que vende provisiones a lo largo de él – pero nuestro estado de forma todavía es óptimo y en poco llegamos a lo más alto. Desde allí toda la ciudad está al alcance de nuestra vista. Rodeada de suaves colinas de verdor fulgente, Ulan Bator se extiende a lo largo de un valle de forma dispar. Si la parte que va desde el centro hasta el monumento en que estamos es una moderna zona residencial en perpetua construcción, la vista de la izquierda muestra numerosas factorías que escupen negro humo al cielo, mientras que  la de la izquierda ofrece pequeñas casas de aspecto mucho más humilde. Mención aparte merece la numerosa presencia de gers alrededor de toda la ciudad. En recintos de pocos cientos de metros cuadrados y vallados de forma rudimentaria, estos habitáculos ofrecen un aspecto desolador. Los nómadas se han ido acoplando a la ciudad intentando mantener su estilo de vida. Algo casi imposible. Su empecinamiento provoca una omnipresente sensación de chabolismo en toda la periferia de la ciudad.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-qssXHHuUQWg/Ts9H7iK1rLI/AAAAAAAAB1A/pTYXn6PXo_Q/s1600/Ulan+Bator+04.jpg" alt="" width="567" height="756" /></p>
<p>Regresamos al albergue con la idea de cenar en los alrededores. Mañana tenemos que levantarnos a las cuatro para el vuelo y no conviene acostarse demasiado tarde. Encontramos al yankee enfrascado en su ordenador. Nos saluda frío y regresa a su quehacer. Todo indica que no se ha movido lo más mínimo del alojamiento. Nos sorprende y fabulamos acerca de qué está haciendo allí aquel silencioso tipo. Mi mente fabuladora le adjudica un rol en una trama de espionaje en la zona. Comentarlo con mis compañeros sirve para que, cómplices, a partir de ese momento, las conversaciones giren en torno a “El hombre de la CIA” y su secreta misión entre los dos grandes monstruos mundiales.</p>
<p>Decidimos cenar en el propio albergue pero no acabamos de entender porqué la cocina ya está cerrada y el restaurante no sirve nada. Otra huésped, a la que en la mañana habíamos adjudicado nacionalidad japonesa y que había compartido minutos de charla con el espía, se nos ofrece amable para acompañarnos a un restaurante cercano. Es parlanchina hasta decir basta. Nos cuenta que es de Ulan Bator pero vive fuera, nos propone un restaurante coreano – aunque comenta que ella odia la comida de ese país -. Dudamos. Nos advierte que no nos conviene alejarnos porque el barrio es poco recomendable. Nos decidimos por el coreano. Con su ayuda pedimos la cena. La invitamos a que nos acompañe sabiendo que va a declinar la invitación. Antes de marcharse nos señala una mesa ocupada por jovencitas del país y nos hace una advertencia de traducción castiza; “Cuidado con las pilinguis”. Ya lo habíamos advertido y parece que podemos ser víctimas propiciatorias. No lo sabe ella bien tras diez días de vida monjil. No ocurre nada, evidentemente, y tampoco la cena es reseñable. La cerveza, sí. La cerveza es tan espantosa que resultará, por si sola, suficiente elemento disuasorio de un viaje a su país.</p>
<p>Nos dormimos. El americano ya ronca. Apenas cierro el ojo un teléfono suena. Pienso que es el despertador y que es la hora. Veo a Dani, en la litera de enfrente, estirar su brazo. “Un mensaje” me dice. Le interrogo con la mirada. “El Alcoyano está en segunda”. Pues eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (XII)</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 20:38:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/46vK2qfIl9VQMLRgZMYpjt">Yann Tiersen – Lara&#8217;s Castle</a></p>
<p><strong></strong></p>
<p>Podéis encontrar el relato original en <a onclick="javascript:_gaq.push(['_trackEvent','outbound-article','http://melchormombocompany.blogspot.com/']);" href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
<p><strong></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Bajo el desmesurado busto de Lenin.</span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la caída de la tarde, la estación de Irkutsk es un lugar poco recomendable. Jóvenes tatuados sin otra ocupación aparente que la “vigilancia”, grupos de viajeros protegiendo sus equipajes, y ciertas miradas torvas, hacen que, de forma inconsciente, las precauciones aumenten. El tren vuelve a ser metódicamente puntual. Regresamos a tercera, el trayecto es corto hasta <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ul%C3%A1n-Ud%C3%A9">Ulan Ude</a> &#8211; apenas ocho horas &#8211; y decidimos subir un punto la emoción del viaje. Para nada somos conscientes de la que se nos avecina.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xii.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-009sZvXaEvs/TsJBMZr6MwI/AAAAAAAABzg/NTTpKvbYyNM/s1600/Irkutsk.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Nuestra camareta de seis la completan una señora de edad, un hombre joven y su hijo de doce años. La excesiva curiosidad de éste, hace que muy pronto se nos acople. Misha es un niño rubio y regordete muy simpático. Habla sin cesar solo en ruso, a pesar de que dice estudiar inglés en la escuela. No nos enteramos de mucho pero las risas son constantes. Por sus gestos, su padre y la señora hablan del desparpajo que muestra su hijo con estos extranjeros. A punto de ponerse el tren en marcha, un ruso de enorme envergadura hace una aparatosa entrada. Se rompen nuestras cuentas. Alguien no pertenece a estás literas. Andrei, el nuevo, no duda que sí. Ocupa la de encima de Pablo, justo a mi lado. Mientras cenamos, saca una botella de ese zumo de frutas fermentado que ya hemos visto en otras ocasiones. Nos enseña sus escasos nueve grados justificándose. Nos ofrece. Lleno mi vaso. Sabe a plátano, y aunque demasiado dulzón para mí gusto, no está mal. Por la velocidad con que el nivel de la botella baja, él parece ser fan de la bebida. Intenta hacerse entender pero es difícil. Misha se empeña en ayudar y a pesar de la profusión de idiomas que entre todos hablamos – hasta siete &#8211; no hay forma de aclararse. A través de garabatos y números, averiguamos edades y otras cuestiones básicas. Andrei es mecánicos de locomotoras y, aun siendo originario del Baikal, vive en Ulan Ude. No acabamos de entender a qué ha ido a Irkutsk y reímos de forma descontrolada por los gestos con que Misha acompaña sus palabras. Pronto, Pablo, más sensato, sospecha que este hombre viene de un entierro. Así es, acaba de morir su abuela y se ha encontrado para el sepelio, en una localidad del Baikal con todos sus hermanos. Averiguamos también que no todos han ido. La Mafia rusa mató en Moscú hace unos años al mayor de ellos. Nuestros rostros mudan el gesto en función de la gravedad de los hechos. La velocidad con que Andrei se ha ventilado la botella y la sospecha de que ya venía cargado del encuentro familiar, nos recomienda acostarnos raudos y cerrar la noche. Craso error, el mal ya está hecho. Misha no tarda en quedar dormido y su padre se desplaza a la siguiente camareta. Miro al niño y el parecido con Alejandro, el menor de mis hijos, pone un nudo en mi garganta. La señora mayor se ha acomodado debajo de Misha y también parece dormir. Solo Andrei sigue en pie con su perorata. No acaba de aclararse colocando el fino colchón y las sábanas que le corresponden. Comienza entonces su delirante actuación. Visita el baño, regresa, intenta sin éxito subir a su litera. Vuelve a ir al baño, vuelve a intentar alcanzar su cama, esta vez desde los pies. Encaramado a ella, sus piernas cuelgan. Con sus manos atrapa el colchón, éste se desliza por su peso y Andrei con él. Cae, cae, cae… efectivamente. Con un estruendoso ruido su corpachón va a dar en el suelo, justo al lado de la señora que estremecida da un salto en su cama. La “Provodnitsa” corre hasta nosotros. Intenta ponerle en pie. Escucho risitas. Mis amigos. Yo mismo me dejo ir al ver que no ha habido daños graves. La “Provodnitsa” le ayuda a ponerse en pie. Andrei lanza su mano a la esbelta cintura de la chica. Como puede, ésta se deshace del abrazo del oso y le lanza una reprimenda que cae en saco roto. Andrei Sube. La muchacha pasa las cadenas que cuelgan del techo para impedir una nueva caída del ruso. Se marcha. Andrei vuelve a bajar de la cama. Desaparece. No tarda en regresar. Camina con dificultad. Nuevo número circense. Sus piernas se enredan en las cadenas, se da cabezazos rítmicos contra el cristal de la ventana. Insiste en ello. Aparece una “Provodnitsa” superada por los sucesos. Pablo, harto de lo que sucede se pone en pie y, en un arranque racial, lanza en su correcto castellano; “¡Qué vergüenza! ¡Esto solo pasa aquí!”. La chica queda perpleja. Reímos sin compasión. Andrei lo intenta de nuevo. Los pies en la cama de Dani, en la de Pablo, sobre la mesa… Sus manazas en mi litera, en el techo, en la ventana… por fin. Parece quedar quieto. Sí. Doy media vuelta e intento dormir. Unos segundos y, en la duermevela, una mano en mi espalda. Me sobresalto. Lanzo un exabrupto. Me giro. La mano de Andrei intenta tocarme. Me la quito de encima. Lo intenta de nuevo. Busca mi pecho pero, claro, la copa “A menos” de mi sujetador provoca su desencanto. Cojo de nuevo su brazo y lo enredo entre las cadenas que sostienen la litera. En su delirio queda atrapado. Es el fin de la pesadilla. Para nada. Una sinfonía de ronquidos se prolongará hasta destino. Y con ellos, nuestra vigilia.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xii.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-qSMusjePcpg/TsJBEj-CT-I/AAAAAAAABzY/RCmvKVkU6Zo/s1600/Ulan+Ude+03.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Es temprano. Tanto como las seis de la mañana. Tres tipos malcarados, con legañas en sus ojos, y cuerpos doloridos, comparten galletas y un cartón de zumo, bajo un descomunal busto de Lenin de siete metros de altura. No lo decimos, pero los tres nos preguntamos qué demonios hacemos allí a esa hora. Lo que nos pareció una gran idea al preparar el viaje, &#8211; salir de Irkust a las diez y llegar a Ulan Ude antes de seis, en lugar de retrasar ambas cosas dos horas – se transmuta en el mayor de los despropósitos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.labrujulainquieta.es/viajes/de-la-plaza-roja-a-tiananmen-iv"><img class="aligncenter" src="http://3.bp.blogspot.com/-XQewhCEtQtk/TsJBTrOYcxI/AAAAAAAABzo/v-qyT6ggFlo/s1600/Ulan+Ude+01.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Ulan Ude es una ciudad cuya principal característica es albergar sin conflictos el culto a tres religiones mayoritarias. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Confucianismo">Confucionismo</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Budismo">Budismo</a>, y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_ortodoxa">Cristianismo Ortodoxo</a>, comparten templos en esta ciudad, la última de importancia antes de entrar en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mongolia">Mongolia</a>. Tras visitar el exterior de algunos de estos templos, nos acercamos al mercado. Si en su parte delantera denota cierta modernidad, en la trasera es el vestigio de tres siglos atrás. Porciones de reses transportadas en los asientos traseros de turismos, verduras transportadas en rudimentarios carromatos, cabezas de ganado por el suelo, sangre por doquier… Los nativos se sorprenden de vernos y ciertos rostros no son amables cuando nos ven lanzar fotografías a su quehacer cotidiano. Nos alejamos para toparnos con el museo de arte de la ciudad. Inenarrable su estado. Al menos eso nos parece allí. No sospechamos que, en pocos días, tendremos muestras todavía más delirantes. En nuestro deambular por las calles nos sorprende la presencia de numerosos pasquines avisando de peligrosos delincuentes. No podemos más. Decidimos buscar un sitio decente para desayunar y esperar tranquilamente la partida del tren a mediodía.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xii.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-usaZut8YIIc/TsJBcb14HbI/AAAAAAAABzw/j3eOjGiDNgU/s1600/Ulan+Ude+02.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>La recogida de equipajes esta vez es rápida y tomamos el tren sin mayores problemas. Horas más tarde zonas de alambradas y profusión de carteles nos indican que la frontera está cerca. Los trámites son tediosos, y nos cuesta cerca de cuatro horas cruzarla. Policía de ambos países revisan los vagones de forma minuciosa. Pasan perros, levantamos camas y despejamos altillos, curiosamente, no abrimos las mochilas. “Para eso están los perros” nos dicen un viajero “Solo buscan polizones”. Otra tanda de burocracia, ésta mongola, y entramos en el país. Algunas chicas, montadas en el tren para realizar pocos kilómetros, ofrecen a los viajeros cambio de moneda. El trueque dura poco, la noche cae y en pocas horas entraremos en la capital mongola; <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ul%C3%A1n_Bator">Ulan Bator</a>.</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (XI)</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 09:50:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
		<category><![CDATA[La Brujula Inquieta]]></category>
		<category><![CDATA[Listvyanka]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Lago Baikal]]></category>

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		<description><![CDATA[B.S.O. Strauss – El Lago de los Cisnes &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; Un mar de agua dulce. &#160; Amanece a orillas del Baikal. Es el primer día que, desde nuestra partida, despertamos con la gloriosa sensación de haber dormido en una cama. Pablo y yo nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/1a25VdCuW0H1vMFiUjE9g0">Strauss – El Lago de los Cisnes</a></p>
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<p>Podéis encontrar el relato original en <a onclick="javascript:_gaq.push(['_trackEvent','outbound-article','http://melchormombocompany.blogspot.com/']);" href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Un mar de agua dulce.</span></strong></p>
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<p>Amanece a orillas del Baikal. Es el primer día que, desde nuestra partida, despertamos con la gloriosa sensación de haber dormido en una cama. Pablo y yo nos levantamos raudos, con la intención de conocer de primera mano las féminas que han pasado por la habitación compartida de Dani. Rita ha hecho bien las cosas y lo encontramos como un lobo solitario, preparando las botas de trekking que calzará apenas salga de la zona “vigilada” por nuestra anfitriona. Descendemos y desayunamos con contundencia. Rita nos presenta a Sasha, su marido y nuestro guía. Él, silencioso, hace un frío gesto y desparece por la puerta de la cocina. Algo después regresa. Nos comenta, en su básico inglés, que va a en busca de otro cliente y regresará a por nosotros para iniciar el paseo. Esperamos en el exterior de la casa. Dani y Pablo charlan mientras aprovecho para hacer un apunte rápido del edificio. Trabajo directamente con pincel para conseguir soltar mano. Con mi habitual estilo, demasiado amarrado, pocas veces me lo permito. No tarda mucho en regresar el guía. Le acompaña Henry, un canadiense joven, alto y muy simpático que no cesa de preguntar. Pronto sabe más de nosotros que nuestras parejas. En contrapartida nos hace partícipes de su historia. Ha pasado dos años en Vietnam impartiendo clases de inglés. Al finalizar este curso y antes de regresar a casa, decidió, con un amigo y dos amigas, viajar por Asia para después volar a Canadá desde Moscú, regresando por el lado menos habitual. En vísperas de la partida, por motivos diversos, todos fueron dejando el proyecto. Así, Henry, en la tesitura de tener que suspender su viaje o realizarlo en solitario, se decidió por lo segundo. Viene de hacer una ruta similar a la que a nosotros nos queda y se dirige por el mismo camino por el que hemos venido. Intercambiamos información que, sin ser vital, nos puede ser a ambos de ayuda en el resto del periplo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xi.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-P3XGS1rCDQQ/TrqYqT0VYdI/AAAAAAAABxY/Yd9smSsQsJw/s1600/Baikal+03.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Emprendemos la marcha. La abre un silencioso Sasha. Carga una enorme mochila con las provisiones y los utensilios de cocina para preparar el picnic. Le digo de compartir el peso pero bajo ningún concepto acepta. Atravesamos <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Listvianka">Lsvyanka</a>. La ciudad serpentea varios kilómetros a lo largo del lago. Iniciamos el ascenso por la ladera de una de las montañas que rodean el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lago_Baikal">Baikal</a>. En las subidas, no sé si por nosotros o por él mismo, Sasha ralentiza el paso hasta una lentitud exasperante. Por el contrario, en las bajadas, se desliza como una bala por estos bosques de esbeltas coníferas hasta casi perderlo de vista. Después de un buen rato de marcha alterna, y de diversas explicaciones acerca del enorme lago y su entorno, Sasha nos pide que introduzcamos las perneras de nuestros pantalones en los calcetines. A pesar de nuestras preguntas no acabamos de entender el motivo para ello. Suponemos que debe tratarse al algún animal peligroso pero puede tratarse tanto de hormigas carnívoras como de serpientes venenosas. Seguimos caminando hasta coronar el monte. Desde allí, la visión es bellísima. El descenso es rápido. Solo la molesta presencia, cada vez más numerosa, de horseflys – “moscas caballo” unos tábanos muy agresivos que muerden hasta hacerte sangrar – nos incomoda. Durante el recorrido, Henry, por su atolondramiento, ha besado varias veces el suelo. Eso sí, en todas ellas, de inmediato se ha puesto en pie lanzando un “no se preocupen, no ocurre nada” en inglés que nos hace esbozar una sonrisa. Si así piensa atravesar toda Asia, debería procurarse algún tipo de amortiguador.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xi.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-e7OwzboQ13Y/TrqY5-ockJI/AAAAAAAABxg/oKuqGvUYdhQ/s1600/Baikal+01.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Divisamos, a poco más de cien metros, la playa en la que degustaremos el menú. Mientras prepara el fuego y cocina, Sasha nos ofrece media hora de tiempo libre. Indica una ruta en la que podemos aventurarnos. Separados del guía, el cuarteto al pleno decidimos seguir dicho camino. Avanzamos sin descanso durante el tiempo previsto, pero no descubrir nada nuevo en el paisaje y, sobre todo, la insistencia con que las horseflys nos atacan, nos lleva a desistir. Regresamos. El menú está a punto. Verduras crudas trinchadas, puré de patatas y una salchicha. Austeridad soviética. Comemos con una mano al tiempo que eliminamos tábanos con la otra. Liquido cinco de ellos en uno de los golpes. Ello me convierte en Siberian’s Hunter para el resto del viaje.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xi.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-VpmlFuAy-Jg/TrqZBoFxn0I/AAAAAAAABxo/idh3Uy4ZpJ4/s1600/Baikal+02.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>La conversación se anima entre el quinteto. Sasha nos cuenta que trabajaba de profesor de educación física en Irkutsk y que la llegada de la Perestroika, trajo consigo el fin de esa vida. Con sus hijos ya mayores, Rita y él, no tuvieron otra que cambiar sus vidas. Tras estudiar diversas posibilidades, acabaron por decidirse a convertir el turismo en su modus vivendi. No hace falta ahondar mucho más para descubrir que no todos los rusos celebraron la aparición de Gorbachov. Tras la espartana comida y una porción de chocolate de postre que hay que batallar a las horseflys, lavamos platos y cubiertos en las frías aguas del propio lago. El regreso es rápido y en poco más de una hora estamos de nuevo en la casa. Nos despedimos de Henry. Nos duchamos, nos cambiamos y nos dirigimos hacia la parada del bus con la intención de regresar a Irkutsk. Tenemos tiempo. Aprovechamos para solucionar la falta de espacio en mi cámara. Dos amables adolescentes que atienden la oficina de turismo de Lsvyanka, nos ceden uno de sus ordenadores para pasar las fotografías a un prendrive. Me preguntan por España y les cuento. Les hablo de la belleza del Baikal, se miran y ríen. “Demasiado frío” me espetan en inglés. Intentamos pagar pero no quieren cobrarnos nada.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-xi.html"><img class="aligncenter" src="http://4.bp.blogspot.com/-lKxtQ4AC5LY/TrqcqQ9WtCI/AAAAAAAABxw/4AkbTaajshk/s1600/Baikal+04.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Caemos en la cuenta entonces, el pago del trekking &#8211; que no habíamos previsto &#8211; nos ha dejado sin dinero para regresar a Irkutsk. Buscamos un cajero por toda la población. Sin éxito. Preguntamos. Nadie es capaz de darnos una solución. Reunimos los rublos sueltos de nuestros bolsillos. Solo nos llega para pagar dos de los tres tickets necesarios. Nos miramos. Comentarios jocosos. ¿A quién nos dejamos? Es imposible que no haya ni un cajero en toda la villa. Repetimos la batida. Sin éxito. Por fin alguien nos comenta que tal vez en el hotel. Hacía allí nos dirigimos. Un suspiro de alivio acompaña la presencia de un cajero en el hall. Con dinero fresco en los bolsillos, y una hora hasta la salida del bus, nos sentamos bajo la pérgola de un rústico bar frente al Baikal. Degustamos un característico pescado ahumado de la zona, regado por media docena de Cmapblu Menbhuk, otro de nuestros descubrimientos cerveceros. Y lo hacemos bajo una violenta tormenta de estío que nos lleva a subir las cremalleras de nuestros polares ante la repentina bajada de temperaturas. Que razón llevaban aquellos críos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (X)</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 09:23:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[B.S.O. LIGHTS – Siberia &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; ¿Dónde se esconde la París de Siberia? &#160; “Uno, dos, tres, cuatro…” en ruso y hasta ocho, cuenta con los dedos Stas. Pablo lo mira perplejo mientras seguimos preparando las mochilas para nuestro desembarco, el siguiente amanecer, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/3HDSNL1SEYcHbrhLuG8DXn">LIGHTS – Siberia</a></p>
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<p>Podéis encontrar el relato original en <a onclick="javascript:_gaq.push(['_trackEvent','outbound-article','http://melchormombocompany.blogspot.com/']);" href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">¿Dónde se esconde la París de Siberia?</span></strong></p>
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<p>“Uno, dos, tres, cuatro…” en ruso y hasta ocho, cuenta con los dedos Stas. Pablo lo mira perplejo mientras seguimos preparando las mochilas para nuestro desembarco, el siguiente amanecer, en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Irkutsk">Irkutsk</a>. “Uno, dos, tres, cuatro….” Se empecina Stas y agita a Pablo que sigue sin entender nada de lo que sucede. No hay forma de saber que quiere aquel siberiano cargado de cerveza que, al mismo tiempo, se desespera al ver que no comprendemos. “Irkutsk” nos grita, y reinicia la cuenta con sus dedos de manera obsesiva. Reímos, pero ya comenzamos a estar hartos de este empeño. “Uno, dos, tres, cuatro…” nos mira con sus vidriosos ojos saltones, su nariz rota y su boca a la que faltan algunas piezas dentales. Nos mira con ese rostro tan peculiar, desencajado por la bebida, y desesperado por nuestra falta de entendimiento. “Uno, dos, tres, cuatro…” insiste en una letanía que nos supera… Por fin uno de nosotros exclama “¿No pensará que vamos a descender por error en la estación equivocada?”. Como podemos, se lo hacemos entender y el aliviado suspiro de Stas inunda la camareta. Sonríe. Por fin. Esa era su preocupación. Nos explicamos. Con señas y escasas palabras. Solo preparamos los equipajes, la llegada a la capital siberiana es temprano y no queremos perder el menor tiempo. Nos abraza. Nos besa con esa efusividad tan rusa, cuando dejan atrás su frialdad. Sus amigos españoles no van a dejar el tren en una estación equivocada. Ahora ríe. Regresa con su “Uno, dos, tres, cuatro…” pero esta vez sonríe al pensar en el malentendido. Poco después, apenas un suspiro más tarde, duerme tranquilo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-x.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-1g5c6cDw1II/TresNo3OCbI/AAAAAAAABwg/6iCRwL-th4I/s1600/Siberia+10.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Descendemos del tren. Tan temprano como temíamos. Irkutsk, en pleno centro de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Siberia">Siberia</a>, nos muestra un estilo de vida más asiático que el presenciado hasta el momento. Todo allí es caótico. Más que en esa <a href="http://www.labrujulainquieta.es/viajes/de-la-plaza-roja-a-tiananmen-vii-2">Ekaterimburgo</a> de la que venimos, o en aquel <a href="http://www.labrujulainquieta.es/viajes/de-la-plaza-roja-a-tiananmen-iv">Moscú</a> que ya nos parece tan lejano. En la vorágine de la salida, la despedida de Stas y Alexei ha sido inexistente. En nuestro fuero interno deseamos que les vaya bien en su encuentro. Que no haya demasiadas secuelas de los “golpes” recibidos las noches anteriores.</p>
<p>Siguiendo nuestra norma salimos rápido de la estación. Los taxistas se agolpan, ahora si, a nuestro alrededor. Insisten, una y otra vez, en ofrecer sus servicios. Nos mostramos decididos y nos encaminamos directos hacia una dirección concreta. Resulta ser la equivocada. Vagamos por una zona de desordenado urbanismo. Salpicada de descampados, grupos de desocupados jóvenes, nos siguen con sus desconfiadas miradas y gesto chulesco. A pesar de la firmeza de nuestro paso su actitud es amenazante. Es un lugar por el que preferiría no tener que pasar de noche. Atravesados esos callejones, y en lo alto de una pequeña colina, divisamos la ciudad al completo. Muy cerca, el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%ADo_Angara">río Angara</a>. Por fin, situados, nos queda claro el camino a seguir. Cruzamos el soberbio puente que nos separa de la otra orilla, la parte bulliciosa de la ciudad. La bruma de la mañana le da a todo cierto aspecto fantasmagórico. Numerosas banderolas, ornamentan las farolas del puente decoradas con el lema de una gran celebración; los trescientos cincuenta años de la fundación de la ciudad. De entrada sorprende que ésta sea tan reciente, pero si piensas la dureza de las condiciones de vida del lugar, y que estos pueblos hasta hace bien poco eran cazadores nómadas, no resulta difícil de entender. Visitamos un par de iglesias ortodoxas, otras más que se unen a nuestra ya extensa colección y, después, nos encaminamos a la principal arteria comercial. Se sitúa ésta adyacente al barrio que alberga las clásicas mansiones de madera, aquellas que otorgaron a esta ciudad el poético sobrenombre de “la Paris de Siberia”. Como voy corto de memoria en la tarjeta de la cámara, intento en vano comprar una de repuesto en alguna de las tiendas de fotografía que encontramos a nuestro paso. El tema de los comercios es bien curioso en esta parte del país. A la ausencia total de escaparates, se unen innumerables rótulos, con el eclecticismo por bandera, alrededor de las puertas de entrada que convierten en absolutamente indescifrable lo que se vende en el interior de los establecimientos. Así, para encontrar lo que realmente buscas, no tienes otro remedio que internarte y echar una ojeada al género expuesto. Así, a la caza de la tarjeta fotográfica, hago una breve visita a una peluquería de señoras, una tienda de lencería y un lugar que tan bien podría ser una agencia inmobiliaria,  como un enclave de corredores de apuestas. Entretanto nos hemos aproximado al mercado local. Un mercado bastante bien acondicionado y en el que llaman poderosamente la atención, los puestos de pescado. La cercanía <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lago_Baikal">del Baikal</a>, y las innumerables especies extrañas que allí habitan, convierten estos puestos, en el lugar de inspiración favoritos para los diseñadores de monstruos de “Men in Black”. Paseamos brevemente por los pasillos donde amables vendedoras de rasgos asiáticos nos ofrecen sus productos. Poco a poco, quedan definidas tres razas en convivencia en estas ciudades del antiguo imperio. Los caucásicos, que viviendo en estas zonas parecen la minoría dominante, los de rasgos asiáticos, suponemos que los verdaderos moradores de estas tierras, y otro grupo étnico, de piel morena y rasgos marcados que bien podrían ser descendientes de los zíngaros desperdigados por toda Europa.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-x.html"><img class="aligncenter" src="http://3.bp.blogspot.com/-AF9whOyhy3s/TresUCZI2II/AAAAAAAABwo/9f-r-AhOZ5s/s1600/Siberia+07.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p style="text-align: left;">A la salida del mercado, nos encaminamos a curiosear la arquitectura de madera propia del siglo XIX. El barrio no es muy extenso y quedan una treintena de estas edificaciones. La mayoría de ellas en pésimo estado. Es cierto que algunas están siendo restauradas y otras más lucen ya espléndidas. Solo estas nos aproximan, de forma imaginaria, a entender lo que fue esta ciudad en la época zarista. Intento imaginar las rebeliones tártaras que tan bien narra <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Verne">Verne</a> en su <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Strogoff">Miguel Strogoff</a>, y la resistencia de esta población a ellas, pero ya es mediodía y el hambre comienza a apretar. Comemos en un pequeño tugurio a base de pollo frito, patatas cocidas, snacks y cerveza, después de la negativa de Pablo a comer en un coreano de aspecto burdelesco. Despues, nos encaminamos a la estación de autobuses.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-x.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-qOrf3_IBg9g/Treskve06bI/AAAAAAAABw4/jkUnRUgbEPw/s1600/Siberia+09.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>El lugar es escalofriante. El asfaltado brilla por su ausencia. Las taquillas están en el interior de un edificio en obras pero también hay acceso a ellas por ventanas externas. Después de algunas laboriosas gestiones, conseguimos los billetes para nuestro viaje a <a href="http://www.minube.com/rincon/pueblo-de-listvyanka-a299671">Lsvyanka</a>. Salimos al exterior y, entre el fango, nos dirigimos al supuesto andén. Una furgoneta de diez o doce plazas aguarda junto al número indicado. Esperamos. Algunos chóferes se nos ofrecen para hacer el mismo recorrido por el precio que nos ha costado el ticket. Los rechazamos. Averiguamos después que también son vehículos de la estación de autobuses, en cierto modo autorizados. Observamos que junto a la barrera de salida, además del guardabarrera, un grupo de rusos, vestidos por completo de negro con chaquetas de piel de este color, se encargan, cada vez que uno de los vehículos se dirige a la salida, de acercarse al conductor y recoger la consiguiente “mordida”. Finalmente aparece nuestro chófer. Nos montamos. Nos cuenta. Nos situamos. Quedo en el asiento que hay junto a la puerta corredera. Frente a mí, un anciano siberiano se acomoda con el fin de pasar un viaje tranquilo. Circulamos cerca de media hora por el interior de la ciudad. Nos parece imposible que, según las dimensiones vistas de la ciudad, no estemos dando vueltas en círculo con el fin de prolongar la duración del traslado. Poco después tomamos carretera abierta. El calor vespertino, nuestra reciente comida, y el cansancio acumulado, me llevan a un sopor que acaba en sueño. Sueño que se interrumpe con el primer frenazo del conductor y que me lleva a caer, desde mi asiento, sobre las piernas del despreocupado anciano. Azorado, hago nerviosos gestos de disculpa con celeridad. Aquel hombre resta importancia a lo sucedido. No puede parar de reír. No es el único. Los cabrones de mis “amigos” le secundan desde los asientos posteriores. Paso el resto del viaje haciendo esfuerzos para no volver a dormirme. Con la llegada de las primeras paradas quedo encargado de la apertura y cierre de la puerta con lo que la modorra se diluye.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-x.html"><img class="aligncenter" src="http://3.bp.blogspot.com/-OeoiVT_sikA/TreseYo1xlI/AAAAAAAABww/EbJ71a9OxzM/s1600/Siberia+08.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Lsvyanka es una población costera que se extiende varios kilómetros a lo largo de la orilla del lago y que solo, en los escasos puntos en que la orografía lo permite, se extiende algunos cientos de metros hacia el interior. El lago es inmenso. Más que un lago asemeja un mar. Decidimos buscar primero nuestro alojamiento y después salir a dar un paseo y disfrutar de la exuberante naturaleza que lo circunda. Buscamos la casa en la que hemos alquilado habitaciones, recorriendo la ciudad arriba y abajo. Es en vano. Volvemos a leer las indicaciones enviadas por mail. Buscamos las referencias escritas y no acabamos de encontrarlas por completo. Al final decidimos internarnos por unos caminos junto a los que se acumulan edificaciones de estética similar a la que Dani recuerda de las fotos de Internet. Después de algo más de media hora de búsqueda, por fin nos encontramos ante la casa. Una edificación por completo de madera, bien situada y mejor cuidada. Entramos en su agradable jardín y encontramos allí a nuestra anfitriona dedicada a tareas agrícolas. Rita es una mujer madura que todavía conserva buena parte de su atractivo. Amablemente, nos ordena quitarnos los zapatos y calzar las chanclas que para tal fin tiene en el pequeño hall acristalado. La seguimos después a la planta superior. En un inglés básico bastante asequible para mí, nos da las pertinentes indicaciones acerca de las normas de funcionamiento de la casa. Tenemos dos habitaciones dobles, una de las cuales será – o no &#8211; compartida con otra persona. De forma natural Dani se queda con esta, imagino que con la vana esperanza que una fémina le alegre la noche. Descargamos nuestro equipaje, nos damos una reconfortante ducha – la primera desde Moscú – y una hora más tarde recorremos la orilla del lago admirados por la belleza del entorno. Una frugal cena, a la que volvemos a llegar por los pelos, nos deriva hacia el lago de nuevo. Seguimos picando pues la brevedad del ágape nos ha dejado con ganas. Probamos algunas delicatesen de la región y lo regamos con diversas cervezas. Mientras tanto, la luz se ha ido desvaneciendo dejándonos un hermoso cielo salpicado de estrellas. Un cielo bajo el que caminamos de regreso entre charlas y risas con la ilusión, después de tantos días de ajetreo, de poder tener por fin una noche en un entorno agradable, pero sobre todo, de sueños húmedos.</p>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (IX)</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 20:11:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Asia]]></category>
		<category><![CDATA[Novosibirsk]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Lady Gaga]]></category>
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		<description><![CDATA[B.S.O. Undrop – Train &#160; &#160; Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; Transiberiano II El retorno de Stas y Alexei es toda una sorpresa. No hay comentarios acerca de donde han pasado el día pero la sensación es que vuelven con ganas de remontar ese uno a cero que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/3NG2gqNOXQs0stcBaFg2ab">Undrop – Train</a></p>
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<p>Podéis encontrar el relato original en <a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<div><strong><span style="text-decoration: underline;">Transiberiano II</span></strong></div>
<div>El retorno de Stas y Alexei es toda una sorpresa. No hay comentarios acerca de donde han pasado el día pero la sensación es que vuelven con ganas de remontar ese uno a cero que les hemos endosado. Rápidamente se han posicionado en la camareta y esta noche sí, compartimos cena. La charla cada vez es más fluida, con menos palabras entendemos más. Después del banquete en el que no faltan los dulces comprados a una lugareña, decidimos pasar a la acción. Dani saca la botella de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vodka">vodka</a> comprada en Ekaterimburgo. Extrañamente la rechazan. Da la sensación de que bajo ningún supuesto quieren que se les vincule a este licor. Preguntamos si es una buena marca y se encogen de hombros sin aclarar nada. Les ofrecemos whisky. Preguntan si lo compramos en Moscú. Negamos, es de Madrid. Rápidamente sus vasos están a punto. También tenemos Coca-Cola caliente para ofrecer. Ellos sacan snacks del país y aquello se convierte en nuestro primer party ruso. Las botellas van cayendo y el licor acompaña a las cervezas de la cena en nuestros estómagos. En <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Novosibirsk">Novosibirsk</a> descendemos el tren. Estamos en la mayor estación de trenes de la ruta y el lugar es digno de ver. Desgraciadamente el grado etílico es ya importante y las únicas fotos que tomamos son con nuestros compañeros de viaje. No hace falta mucho más para entrar en un grado de fraternidad de difícil superación. Compramos más cervezas en la estación y unas botellas de una especie de zumo de frutas fermentado que produce ocho o nueve grados de alcohol. Ya son horas avanzadas de la madrugada, aunque el cielo no acabe de ennegrecer, cuando regresamos a la camareta.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-ix.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-fxEsM1ZgBH0/Tq_YZQtMeVI/AAAAAAAABwI/MC05r3PQCnQ/s1600/Siberia+06.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></div>
<div>La velada sigue. Stas, que se ha acercado un instante a charlar con los otros miembros del equipo regresa con malas noticias. El Dínamo le acaba de endosar un cero a dos al Spartak en su campo. Desconsolado llora sobre el hombro de un perplejo Pablo. Insiste una y otra vez en su desgracia. Nosotros quitamos importancia al hecho pero no dejamos de sentir la gravedad del asunto. Con la intención de desdramatizar, Alexei pone música de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lady_Gaga">Lady Gaga</a> en su teléfono móvil. Para aumentar su volumen lo introduce dentro de uno de los vasos de plástico vacios. La camareta número cuatro se convierte en la discoteca del vagón. Tanto es así, que, estando yo en el pasillo, atendiendo una llamada de casa, uno de los vecinos franceses sale con el gesto de Napoleón tras Waterloo y pide un poco de silencio. Le hago un gesto con la mano y regreso al habitáculo con la intención de frenar lo imparable. La noche sigue el mismo guión que hasta el momento. Risas, canciones, música y alcohol son el menú único de la velada. En un momento dado intentamos resolver una curiosidad, ¿por qué hay tan pocas barbas en Rusia? “No nos gustan” nos dicen. Ante nuestra mirada de interrogación añaden “Afganistán” y las miradas se vuelven hacia Dani y su mentón hirsuto. Risas y gritos de “Bin Laden, Bin Laden” mientras señalan a nuestro amigo. No sé que hora es cuando decidimos retirarnos. Stas, más que tocado, hundido, sube a su litera y se desnuda desperdigando monedas y billetes por doquier. Lo recogemos cuidadosamente y se lo dejamos cerca de su ropa. Él ya sueña con la próxima vendetta del Spartak en la casa del Dinamo.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-ix.html"><img class="aligncenter" src="http://3.bp.blogspot.com/-VapqS4gr8yU/Tq_YiZ1pQhI/AAAAAAAABwQ/XHP-U-Bxxbg/s1600/Siberia+04.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></div>
<div>No está muy avanzada la mañana cuando comenzamos a desperezarnos. Estamos vivos. Al menos el contingente hispano. Me acerco a Stas que abre un vidrioso ojo veteado de venas rojas y pronuncia un clarificador “Aspirin”. Todo en orden. El día se prevé muy parecido al anterior. Paseos por el tren, visitas a Olga y los suyos con charlas que siempre quedan interrumpidas. Contacto con otros pasajeros, como una jovencísima y delicada israelí que viaja sola, y tan solo busca gente que realice su misma ruta para sentirse acompañada. O un trío de suecos jóvenes, altos y muy pagados de si mismos que dedican sus días en exclusiva a la actividad que ocupa las noches de la coalición hispano-rusa. El monótono paisaje lleva a pensar que el tren realiza un trayecto circular y no cambiaremos de región por mucho que pasen las horas. Extensas planicies de escasa vegetación quedan salpicados puntualmente por bosques de delgadas coníferas. Algunas carreteras rurales poco transitadas, y pueblos de casas de madera en los que raquíticos huertos alzan acta de la dureza de la vida por estos paramos, ayudan a convencernos de que se trata de un lugar del mundo donde vive gente. Camionetas, conducidas por hombres rudos con vestimenta de camuflaje y gorras de visera, completan una visión del lugar que recuerda, estéticamente, esos paisajes rurales de la América profunda que algunas películas me han mostrado últimamente. No hay mucha diferencia entre lo que aquí veo y lo que recrean films como “Frozen River” o “Winter’s Bone”. Si lo pienso detenidamente, muy poco ha de diferenciar el paisaje y la forma de vida de esta <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Siberia">Siberia</a> que ahora recorremos, de la de aquella zona de latitudes semejantes.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/11/de-la-plaza-roja-tiananmen-ix.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-i3MP3W8fYGc/Tq_YpfAJSVI/AAAAAAAABwY/X1aAmQRkODI/s1600/Siberia+05.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></div>
<div>Stas y Alexei han vuelto a desaparecer. Aunque ahora ya sabemos que se refugian a “lamer sus heridas” en las camaretas que ocupan sus compañeros de equipo. Nosotros seguimos con nuestro ritmo cotidiano de vida y como noche especial que es – mañana a primera hora desembarcamos en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Irkutsk">Irkutsk</a> – decidimos cerrarla en el vagón restaurante. Convencidos y satisfechos de nuestra decisión nos dirigimos allá. De camino encontramos a mamá gallina con sus polluelos. Olga y su troupe regresan de cenar. Nos cruzamos en el estrecho pasillo. Su cara de satisfacción indica que la cena va a ser tan pantagruélica como nuestra provisión de rublos permita. Craso error. A la llegada al restaurante encontramos con que éste ya está cerrado. Protestamos y mostramos los relojes. No nos queda más remedio que admitir que, si bien durante la mañana hemos avanzado una hora las manecillas, el recorrido hecho desde entonces ha provocado que desde hace pocos kilómetros el reloj deba avanzar otra fracción horaria. Regresamos cabizbajos al habitáculo por la oportunidad perdida. Además, no habíamos caído en que nuestras provisiones están bajo mínimos y no nos queda apenas pan. Propongo acercarme hasta el vagón de Olga y pedirles ayuda. Dani se muestra conforme mientras Pablo nos mira con cara rara. No parece gustarle mucho esto de “mendigar” comida. Al final por mayoría simple nos decidimos. Caminamos hasta Olga y su grupo y les contamos a grandes rasgos lo sucedido. Su solidaridad es total. En pocos minutos tenemos las manos llenas de todo tipo de comida. Incluso la antipática de Ohio se muestra generosa. Pablo, avergonzado, no hace sino pedirnos que dejemos de recoger viandas. Pero Dani y yo estamos desatados. No podemos parar de reír mientras agradecemos de forma políglota el donativo. Diez minutos después estamos en nuestra casa de nuevo. No caben las provisiones en la mesa y la frugal cena a la que nos veíamos abocados, se convierte en una opípara comilona. Todo lo opípara que puede ser en tales circunstancias, claro. Como colofón a la fiesta, más o menos en la hora de las brujas siberianas, Stas y Alexei hacen de nuevo su aparición dispuestos – en vano – a sacarse la espina de la noche anterior.</div>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian&#8217;anmen (VII)</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Nov 2011 16:19:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ekaterimburgo]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Montes Urales]]></category>
		<category><![CDATA[Romanov]]></category>

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		<description><![CDATA[B.S.O. Heroes Del Silencio – Flor De Loto (Directo) Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. La tumba de los Romanov. El tren llega a su hora. Nos montamos tras pasar los controles de rigor. Seguimos en tercera pero esta vez nos han tocado nichos laterales. No va a ser una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/1dKHFRlLUcebGRnrc2E9XA">Heroes Del Silencio – Flor De Loto (Directo)</a></div>
<div>Podéis encontrar el relato original en <a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></div>
<div><strong><span style="text-decoration: underline;">La tumba de los Romanov.</span></strong></div>
<div>El tren llega a su hora. Nos montamos tras pasar los controles de rigor. Seguimos en tercera pero esta vez nos han tocado nichos laterales. No va a ser una gran noche, lo pronostico. No lo esperaba tampoco. Estar al otro lado del pasillo, implica que la mesa que hay a tu disposición es minúscula y que solo hay dos pequeños asientos, parte de la litera de abajo, de los que poder hacer uso. La cena es copiosa. Todo lo copiosa que las circunstancias permiten. La compra en el mercado de la ciudad nos permite tener más variedad que la noche anterior. Intentamos entablar relación con los componentes de la camareta de mis compañeros &#8211; en la mía hay un grupo de chicos jóvenes, tal vez militares, que dividen su tiempo entre póker y risas con un nulo interés en confraternizar -. A pesar de nuestra buena disposición, el idioma sigue siendo una barrera infranqueable. Hay gestos amables, poco más. Los rusos siguen mostrándose impenetrables y absolutamente faltos de curiosidad. Así que, una vez liquidada la cena, decidimos dormir. Acostado en mi espacio, de algo más de metro sesenta, miro curiosos alrededor. Sé que la noche no va a ser la más cómoda y me resigno a ello. Fuera luces. Silencio absoluto en el vagón. O casi. El grupo de chavales se agazapa en la penumbra y siguen con sus actividades. No por mucho tiempo. La “provodnitsa” hace honor a la rígida fama de su gremio. Dos palabras y el silencio es sepulcral. Paso la noche en duermevela. Cada vez que intento estirarme, o mis pies tropiezan en la parte baja o mi cabeza en la alta de la litera. La vigilia permite comprobar la cantidad de trenes que se cruzan con nosotros en ese periodo de tiempo. Imagino cada uno de ellos como una parpadeante luz en un enorme mapa de la Rusia siberiana. Ese mapa se convertiría cada noche en un espectacular árbol navideño con el perfil del territorio. No hay otra forma, tan barata y eficaz, para atravesar un país de estas dimensiones. Para los rusos forma indisoluble parte de su modus vivendi. Acompañado por la calma, tengo tiempo incluso, de darme algún paseo por el vagón. A la altura de mis ojos, bellos rostros de adolescentes rusas salpican el camino. Rostros dulces en viaje, para ellas, habitual.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tiananmen-vii.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-etXY0TjLI84/TqG0spTMpNI/AAAAAAAABtk/Qe--XgDioFI/s1600/Ekaterimburgo+04.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></div>
<div>Amanece, y el tren se acerca a las inmediaciones de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ekaterimburgo">Ekaterimburgo</a>. Durante la noche hemos cruzado los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Montes_Urales">Urales</a>. A pesar de que se venda esta ciudad como la última del continente europeo, y de que el paisaje de abedules y delgadas coníferas no haya dejado de acompañarnos casi desde la salida de Kazán, técnicamente estamos en Asia. La estación de Ekaterimburgo, al igual que las ya visitadas, es imponente. De estilo austero, nos recibe con una pizca más de frío que el vivido hasta entonces. Ekaterimburgo es una ciudad rusa, con todo lo que ello implica. Ya no existe ese halo musulmán que sobrevolaba nuestro anterior destino. Aquí todo huele a ruso y mucho, todavía, a soviético. Callejeamos por la ciudad en busca de los puntos recomendados por las guías. Algunas iglesias ortodoxas donde somos bien recibidos, y calles anchas y espaciosas trufadas de silenciosos vehículos, son los elementos más destacables. Una lluvia no muy intensa pero constante nos acompaña. Visitamos una monumental escultura dedicada a las víctimas de las guerras rusas del 79 al 89. En cada uno de los seis pilares que representan cada uno, un año, hay grabados diversos nombres &#8211; entre veinte y más de cien &#8211; de jóvenes de Ekaterimburgo muertos en estas confrontaciones. Todos ellos tendrían ahora una edad similar a la mía.</div>
<div>A mediodía, y en busca de uno de los restaurantes que nos indica la guía, acabamos por aterrizar en un pub de moda que, además, sirve comidas. Curiosamente, y a pesar de las bondades del menú – internacional de exquisitos sabores y texturas con toques de modernidad –, lo que quedará grabado a fuego en nuestra memoria serán los servicios del lugar. Para bien o para mal, sospechamos que este será el último baño que merezca ese nombre en muchos días y miles de kilómetros. Con olor a limpio, con jabón y toallas en el sitio que se presupone, con una televisión “fundida” en el espejo de entrada ofreciendo canales musicales… Casi lo imprescindible para instalarse allí.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tiananmen-vii.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-GUikZmJ0pf0/TqG0zmkefiI/AAAAAAAABts/eN200tZYvls/s1600/Ekaterimburgo+01.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></div>
<div>Después de una opípara comida seguimos con el periplo. Caminamos hasta la Iglesia de la Sangre, construida en el lugar donde se alzaba la casa del comerciante en la que retuvieron a los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dinast%C3%ADa_Romanov">Romanov</a> hasta el momento de su asesinato. Hay una pequeña edificación de madera justo al lado que se mantiene idéntica al momento del suceso. A pesar de su cercanía a una gran avenida y la importancia de lo sucedido allí en la historia de este país, el lugar es solitario. Paradójicamente se respira paz.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tiananmen-vii.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-YJkocEGQh7s/TqG07mQmk1I/AAAAAAAABt0/JXwhClknqF8/s1600/Ekaterimburgo+02.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></div>
<div>Se acelera la caída de la tarde y emprendemos el regreso a la estación. De camino compramos pan “extraño” en una pastelería bien surtida de todo, menos de pan. Después entramos en un supermercado para rearmar nuestra despensa. Vamos hacia dos días y medio en tren y es preferible ir surtidos, que después ya se sabe&#8230; El supermercado es primitivo pero parece bien abastecido. Buscamos la zona de conservas y, descubrimos nuestro error. No hay forma de encontrar otra cosa que las consabidas sardinas, arenques o vaya usted a saber qué pescado, en el sempiterno aceite. Ya echamos de menos la riqueza de nuestro tapeo. Después de cargar el carro con las provisiones, pagamos en caja. Justo al salir Dani, suena el detector. Rápidamente se detiene. Todos nos miran con muy mala cara. El encargado del supermercado aparece de inmediato. Intentamos explicar con gestos que no llevamos nada que no hayamos pagado antes. Aquel hombre nos ignora por completo. Con mala cara, y algunos de los dependientes cerrando la salida, el tipo comienza un exhaustivo registro que lleva a mi compañero a parecer antes un narcotraficante colombiano, que alguien que haya tomado un paquete de ganchitos por error. Miramos perplejos. Bromeamos en español para intentar quitar hierro a lo que está sucediendo pero no deja de parecernos más que excesivo. Ante la falta de pruebas nos dejan marchar. Aún así, su perversa mirada nos acompaña incluso cuando nos alejamos en el exterior.</div>
<div><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tiananmen-vii.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-qzLAdqtelBE/TqG1CRKLxpI/AAAAAAAABt8/7BBtSfy2QAc/s1600/Ekaterimburgo+03.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></div>
<div>Pasado el pequeño susto y convencidos de que Dani no acabará el viaje sin haber probado un cárcel rusa, enfilamos rumbo a la estación. Aceleramos. El tiempo perdido en la discusión, y el no saber exactamente a qué distancia se halla ésta, hace que temamos por los horarios. No nos viene mal el paso alegre pues se ha levantado un ligero viento y el frío cala los huesos, hasta el punto que Pablo ha de dejarme un jersey de sobra que lleva. La estación no aparece tan lejana como pensábamos y todavía tenemos tiempo a tomar unas cervezas, lanzar fotos “paparazzi” y gastar sesenta rublos extra en el uso del aseo del bar en el que ¡estamos consumiendo! Tras recuperar nuestras mochilas de la “Kamera Krajina”, y no sin descifrar que el encargado quiere monedas españolas antes de dejar que las cojamos, nos encaminamos a la vía correspondiente.</div>
<div class="plusone"><g:plusone href="http://www.labrujulainquieta.es/viajes/de-la-plaza-roja-a-tiananmen-vii-2"></g:plusone></div>]]></content:encoded>
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		<title>De la Plaza Roja a Tian-anmen (VI)</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 08:58:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Melchor Mombo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kazan]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Volga]]></category>

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		<description><![CDATA[B.S.O. Glenn Miller – Song Of The Volga Boatmen Podéis encontrar el relato original en Un vuelo con la Melchor Mombo Co. &#160; 6.- Esas tierras bañadas por el Volga. &#160; Amanece. Miro al otro lado. “La señora” duerme. En algún momento de la noche debe haber ido hasta el baño y ahora, además de seguir exactamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>B.S.O. <a href="http://open.spotify.com/track/03sLGG2IZ30YWNgBZDuv6X">Glenn Miller – Song Of The Volga Boatmen</a></p>
<p>Podéis encontrar el relato original en <a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/">Un vuelo con la Melchor Mombo Co.</a></p>
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<p>6.- Esas tierras bañadas por el Volga.</p>
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<p>Amanece. Miro al otro lado. “La señora” duerme. En algún momento de la noche debe haber ido hasta el baño y ahora, además de seguir exactamente vestida como la dejamos la noche anterior, luce un aparatoso rulo moldeando su flequillo. Tomo mis útiles de aseo y me encamino al baño del otro extremo del vagón. Me lavo, es un decir, en el pequeño lavabo. Su grifo funciona al presionar un pulsador situado en la propia boca. Ello implica no poder utilizar ambas manos al unísono. Lavo una después de la otra y la cara con una sola de ellas. Hago uso después del metálico inodoro. Si anoche, visto el estado del lugar, aún tuve alguna ligera precaución, esa mañana me aposento como si se tratase del sillón orejero de casa. El vagón está en plena ebullición. Preparamos las mochilas para el descenso. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Kaz%C3%A1n">Kazán</a> no es estación “Termini” y el tren se detiene lo justo. Ya preparados, y en un último intento por evitar ser protagonistas de las pesadillas de los niños tártaros, ayudo con la maleta a “la señora”. Me sonríe y susurra un leve “spasíva”. Algo he logrado. Mis compañeros me miran como si fuese un caso perdido. Lo soy. Lo sé. Al mismo tiempo, alguien tantea mi espalda con rotundidad. Me vuelvo. Al otro lado del pasillo, las dos ancianas señalan decididas sus maletas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tian-anmen-vi.html"><img class="aligncenter" src="http://1.bp.blogspot.com/-yvkm0AdOPQU/Tp20TNifcWI/AAAAAAAABtM/Ja3kBiv7j8w/s1600/Kaz%25C3%25A1n+03.jpg" alt="" width="567" height="756" /></a></p>
<p>Me dedico a bajar equipajes de lo alto, enrollar colchones y subirlos junto con las almohadas al espacio que han dejado libres éstos. El tren se detiene. Música folklórica, proveniente de la megafonía de la estación, acompaña la llegada. Salimos del andén y buscamos la consigna. Nada nos indica donde está. Después de una frenética busca, una joven rusa, con más gestos que palabras, acaba por entendernos. Nos acompaña. La “Kamera Jraneniya” – consigna – se sitúa en la parte más profunda del edificio, algo que, como comprobaremos de nuevo, es común denominador en las estaciones rusas. Libres de carga vagamos por las calles de Kazán. Un par de modestas mezquitas que, ante la dificultad de encontrar el acceso- también las miradas de reojo de algunos lugareños nos ayudan a desistir – contemplamos solo por fuera, nos llevan al mercado. Bullicioso pero más “civilizado” de lo esperado, solo en algunas zonas como las de carne o pescado, nos asombra la naturalidad con que exponen el producto. Aunque la ciudad &#8211; especialmente por el empuje que en los últimos años ha tenido su equipo de fútbol, auspiciado por el petróleo &#8211; está bastante acostumbrada a los occidentales, en un ambiente como éste no dejamos de ser elementos peculiares. Muchos saludos, numerosa gente ofreciendo sus productos, aún a sabiendas que no será posible que lo compremos, y bastante curiosidad hacia nosotros. En especial cuando averiguan nuestra procedencia. Tras el breve paseo y con la convicción de regresar esa misma tarde para adquirir provisiones, nos dirigimos al Kremlin. Atravesamos el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Volga">Volga</a> y enfilamos por calles que Dani, plano en mano, indica. Sin más, ante nuestros ojos, la combinación del blanco de sus muros con la madera natural de sus tejados y la vegetación que parcialmente lo envuelve, nos proporciona una imagen del Kremlin de mayor “nobleza” que la que nos ofreció el de Moscú. Su interior, en cambio, no deja de ser una sucesión de edificios gubernamentales bastante neutros. Tan solo la iglesia ortodoxa y una espectacular mezquita en blanco y esmeralda, tienen interés suficiente para dedicar tiempo a visitarlas. Sorprende que, al contrario que en Moscú, el interior de los templos esté tan<br />
bien cuidado. Iconos, restaurados y excelentemente preservados, comparten vivos colores con el aparatoso pan de oro sobre robustas tablas de madera tártara. Disfrutamos de él y sus magníficas vistas sobre el río hasta que el mediodía hace que nuestros estómagos reclamen.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tian-anmen-vi.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-5DJJTqwlBA4/Tp20Z_WMYeI/AAAAAAAABtU/x9OoUCfTVfw/s1600/Kaz%25C3%25A1n+01.jpg" alt="" width="756" height="567" /></a></p>
<p>Un pequeño pub, de cierta modernidad, es el escondrijo perfecto para refrescar la abrasadora mañana vivida. En el frescor del edificio, tomamos un par de cervezas del país. Después, apenas doblada la esquina, y algo obnubilados por el alcohol en ayunas, entramos en un pequeño restaurante. De inmediato caemos en la cuenta que son locales comunicados, y que si unos chicos regentaban aquel, éste lo rige la madre – imaginamos en nuestro delirio por fabular coherencia alrededor de todo cuanto vemos -. Sentados sobre cojines de vivos estampados y alrededor de una mesa baja, repasamos una y otra vez una carta de la que no entendemos nada. La patrona ve nuestros rostros perplejos y nos ofrece una colorista carta abarrotada de fotografías, patronímicos en ruso y precios en rublos. En la espera, y por no desesperarse, marcha a atender alguna de las otras ocho o diez mesas que se reparten por el local. Además, separada por unos cortinajes, una larga mesa ornamentada con flores y lista para albergar a a veintena de personas, preside un pequeño espacio adyacente. Inspirados por las imágenes y ante la duda de si aquella mujer será capaz de atender ella sola a todo el mundo en el momento lleguen los de la supuesta celebración, nos decidimos raudos. No tardan los platos en llegar a la mesa. Sabrosa pero austera, disfrutamos de la gastronomía propia de esta zona. De repente comienzan a entrar mujeres ataviadas con elegantes vestimentas… de hace treinta años. Entre ellas, algunos niños y un par de hombres. Su presencia desvela que no se trata de una despedida de soltera. Sin beber demasiado, ellas charlan y charlan sin cesar. De vez en cuando todas callan y solo una, situada en el centro de la mesa, se pone en pie y lanza una larga perorata hacia alguna de las presentes. La aludida agacha su cabeza ruborizada y las demás aplauden. Así sucede una y otra vez sin que lleguemos a conocer el sentido de los hechos. A pesar de los intentos, finalizamos la comida sin saber más. Salimos a la calle. El sol, en todo lo alto, sigue calentando de lo lindo. A pesar de llevar poco tiempo de viaje, siento un enorme cansancio que atribuyo al calor.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://melchormombocompany.blogspot.com/2011/10/de-la-plaza-roja-tian-anmen-vi.html"><img class="aligncenter" src="http://2.bp.blogspot.com/-DiIFccfsj8Q/Tp20hdRlbBI/AAAAAAAABtc/72pWzbUzAfM/s1600/Kaz%25C3%25A1n+02.jpg" alt="" width="756" height="566" /></a></p>
<p>Con su casi millón de habitantes, la capital tártara de Rusia se nos muestra como una ciudad de aspecto solitario. Son muchas las calles por las que caminamos sin encontrar apenas viandantes. Visitamos el exterior de su Universidad. La forman diversos edificios que combinan neoclásico con la más aburrida degeneración del suprematismo soviet. El dato más llamativo de ésta no es otro que entre sus estudiantes se alineó en su momento, Vladimir Ilich Lenin. Dos o tres calles en paralelo a ésta, encontramos algunas anchas avenidas mucho más comerciales – las únicas de la ciudad hasta ahora –. En estas sí parece concentrarse toda la población viva de Kazán. Además de numerosos comercios, hallamos músicos callejeros, malabaristas, bailarines de break-dance e incluso algún que otro charlatán en la acepción más noble del término. Pasamos un buen rato callejeando antes de reemprender el regreso hacia la estación. De camino, como habíamos previsto, nos aprovisionamos en el mercado. Unos pequeños pescados en salazón embolsados o unos tarros de una especie de boquerones en vinagre cuyo tamaño – es evidente que no son boquerones sino algún otro tipo de pescado – le dan el aspecto de encurtidos de lonchas de serpiente, conforman la compra más curiosa.</p>
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