Empezamos el cuarto día sin prisa pero sin pausa, que por algo era domingo.
Hoy decidimos visitar el Museo Judío de Praga, o lo que es lo mismo, el barrio judío con sus sinagogas y el cementerio. Hay dos tipos de entradas: La primera es la que te da acceso solo a la Sinagoga Nueva-Vieja y cuesta 200 coronas (8€) y la segunda te da acceso al resto de sinagogas y el cementerio y cuesta 300 coronas (12€).
Las entradas las podéis comprar en cualquiera de las sinagogas, pero os recomiendo que las compréis en la española, ya que está más separada del resto y apenas hay gente haciendo cola. Una vez compradas las entradas fuimos recorriendo las sinagogas, dejando para el final el cementerio judío. Como he dicho las distintas sinagogas conforman el Museo Judío de Praga por lo que os encontrareis numerosos objetos, escritos y muestras de la vida de los judíos en Praga.
Sin duda lo que no hay que perderse es el cementerio Judío y una exposición de unos dibujos de niños judíos que se encuentran en la Sinagoga Pinkas y que una profesora consiguió esconder de los nazis. Desgraciadamente solo pudo esconder los dibujos ya que la mayoría de estos niños murieron en el campo de concentración de Terenzin. Estos dibujos muestran la visión de los niños de varios temas como la guerra, la amistad, su día a día, etc. Una exposición que merece la pena ver.
Recorriendo los lugares del Muso Judío de Praga llego la hora de comer así que decidimos ir al lugar que nos había recomendado nuestro guía Marco el primer día. Teníamos que ir en metro hasta la estación Andel de la línea amarilla. Llegamos y nos encontramos en una interesante zona comercial y llena de bastantes restaurantes. En la guía Lonely Planet recomendaba por la zona la que posiblemente era la mejor taberna checa (eso decía la guía), pero nosotros decidimos ir al lugar que teníamos previsto. Y la verdad es que acertamos ya que pedimos para comer un ‘Puchero para siete hombres bravos’ que básicamente consistía en una especie de guiso de pollo y ternera con verduras que estaba realmente delicioso. Todo ello acompañado, como no podía ser, del habitual litro de cerveza para beber. Os pongo un enlace del lugar donde se encuentra este pub ya que os recomiendo que vayáis algún día a comer.
Tras la copiosa comida, decidimos dar una vuelta por la zona visitando las distintas tiendas que había. A media teníamos pensado ir a ver la obra de teatro negro Wow, pero por un error mío al interpretar el mapa, estuvimos buscando el teatro en la zona de la Plaza de Wenceslao que no era, cuando el teatro se encontraba en la otra punta justo al lado de la estatua de San Wenceslao, por lo que cuando nos cansamos de buscar nos fuimos a acabar de hacer las fotos nocturnas que nos quedaban. Tendremos que dejar el teatro negro para otra visita a Praga.
Bueno, esto dio de si el domingo en Praga. Nos retiramos pronto al hotel que al día siguiente nos esperaban las tres horas de autobús hasta Cesky Krumlov.







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